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54Parashot_B-30

PARASHÁ KEDOSHIM

Por Isaac Bonilla Castellanos
Vayikrá (Levítico) 19:1-20:27
Haftará: Amos 9:7-15

Jurar o no jurar – Ese es el dilema

En el comentario a la parashá Mishpatim, vimos algunos de los versos del sermón del monte en el tema: “Yeshúa, la Torá y los mas yo os digo”. En esta ocasión, nos gustaría comentar el verso del sermón del monte que habla sobre los juramentos y la enseñanza que Yeshúa dio sobre ellos. Si alguien quiere revisar los comentarios a “ojo por ojo, diente por diente” y “¿aborrecerás a tu enemigo?” puede referirse a la parashá Mishpatim.

Una enseñanza a menudo escuchada en círculos del cristianismo, es que proferir un juramento está prohibido. Esto es basado, primordialmente,  en la enseñanza de Yeshúa cuando dijo: “Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera;  ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.”(Mateo 5:34-35)

Una interpretación popularmente conocida, es que Yeshúa aquí prohibió todo tipo de juramento y estableció, que esta no debe ser una práctica entre sus discípulos. ¿Es cierto esto? ¿Yeshúa está prohibiendo abruptamente todo juramento? Dicha posición tiene dos problemas inmediatos:

  • Si jurar es una práctica reprochable ¿Cómo es que la Torá permitía dicha práctica en Deuteronomio (Devarim) 10:20? ¿Cómo es también que grandes profetas y justos hicieron uso de este recurso? (Gen. 21:31; Esdras 10:5; 1 Reyes 18:15; 2 Reyes 2:2)
  • Si todo lo demás que excede al “sí” y “no” proviene del mal ¿Cómo se explica el hecho de que aun EL ETERNO juró por sí mismo? (Gén 22:16; Salmo 110:5). Si el Eterno hizo juramentos, ¿cómo se podría decir que es, inherentemente malo, realizarlos?

Es obvio que Yeshúa no puede estar prohibiendo todo juramento y diciendo que todo aquel que no se conforma al “sí” y al “no” está bajo influencia del maligno. Para poder tener una mejor opinión debemos recordar el propósito del juramento y el contexto histórico del dicho de Yeshúa.

El propósito del juramento era darle al oyente de una promesa o compromiso, plena seguridad de que esto se iba a llevar a cabo. En el caso del Eterno, lo usa porque comprende nuestra incredulidad y, debido a esto, hace uso de este recurso, para enseñarnos que el asunto es firme de parte de él. Así que el juramento tenía por objetivo dar seguridad extra al oyente del compromiso.

Todo parece indicar, que en la época de Yeshúa algunos judíos habían caído en una práctica que torcía el propósito del juramento, y propiciaba un “agujero legal”. El mandamiento de la Torá que leemos en esta parashá establecía lo siguiente: “Y no juraréis falsamente por mi nombre,  profanando así el nombre de tu Elohim. Yo EL ETERNO.” (Vayikrá 19:12)

Como lo que se prohibía híperliteralmente en la Torá, era jurar falsamente por su nombre, parece ser que algunos judíos empezaron a jurar por cosas, en aras de tener la posibilidad de jurar falsamente por otras cosas sin incurrir en la “transgresión” de este mandamiento. En otras palabras, se pensaba que estaba prohibido jurar falsamente por el nombre de Dios; pero no jurar falsamente por otras cosas.

Esta malinterpretación hizo que el juramento cayera en una categoría degradable, ya que no era más una seguridad sino una enorme duda, ya que si alguien decía: “Te lo juro por Jerusalén”, él podía estar pensando en no cumplir dicha promesa.

Un manuscrito hebreo medieval de Mateo llamado “Du Tillet” dice en este verso: “No juréis por ninguna cosa” en lugar de “en ninguna manera”. Es muy probable que este manuscrito preserve una mejor variante textual del dicho de nuestro Maestro. Lo que Yeshúa está haciendo aquí, no es prohibir algo que la Torá permitió, ya que él mismo dijo que no había venido a abrogar la Torá (Mateo 5:17); lo que él está haciendo es establecer que no se debe jurar falsamente por cosas, porque al final, el juramento es igualmente vinculante.

Yerushalayim (Jerusalén) es la cuidad del gran Rey, por tanto todo juramento es igualmente obligante, y no se puede jurar falsamente por ella. Si alguien no quiere comprometer su palabra reforzándola con un juramento, entonces que hable claro y que su “sí” sea siempre “sí” y su “no” sea “no”. Si para asegurar su palabra se le ocurre jurar falsamente por una cosa, con la ilusión de finalmente quebrantar dicho juramento, eso proviene del mal porque desde el inicio está pensando en ejecutar una maldad. Esta interpretación hace total sentido al contexto y resuelve satisfactoriamente nuestras dudas.

Uno de los comentaristas protestantes de nuestros días, aunque con una generalización claramente cuestionable, comenta acertadamente sobre esta misma conclusión: “Por ejemplo, como se ha señalado antes, los juramentos que implicaban el nombre de Dios eran obligatorios para el judío, pero otros que implicaban el “cielo” o la “tierra” no eran obligatorios.” (Evis Carballosa, “Mateo La revelación de la realeza de Cristo”, pág. 223).

En conclusión, podemos decir que lo que Yeshúa está haciendo es prohibir todo juramento falso, ya sea por el nombre de Dios, o por cualquier cosa. El como juez supremo puesto por el Eterno, en su tarea de explicar la Torá de manera pura y óptima, está hablando fuertemente contra prácticas desleales, que hacían que Israel perdiera su santidad de nación sacerdotal.

Su enseñanza debe darnos un fuerte mensaje a cada uno de nosotros: El valor que tiene nuestra palabra. A menudo somos ligeros de labios, prometemos cosas que no cumplimos, aseguramos precipitadamente o negamos sin meditar. Un verdadero discípulo de Yeshúa, judío o gentil, debe distinguirse por una cosa: Integridad en su habla. Una vez escuché a alguien decir: “Somos esclavos de lo que decimos y dueños de lo que callamos.” ¡Cuánta razón tenía!

Como vemos en esta parashá, ser santo implica ser diferente, actuar diferente, hablar diferente, tratar diferente a las personas, tener leyes y preceptos que nos diferencian del resto. La integridad, de palabra y obra, es algo sumamente importante. Sin integridad, no puede haber nada, no se puede confiar en una persona que no es integra y que no cumple su palabra. Nuestro Maestro nos está llamando a un compromiso férreo a ser santos, tal como se nos dice:

“sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” (1 Kefa [Pedro] 1:15-16)

Es muy probable que Pedro haya tenido en mente la sección de la Torá que estudiamos esta semana. En primer lugar, Pedro cita de Levítico 19 la frase “Sed santos, porque yo soy Santo”. En segundo lugar, el capítulo 19 de Levítico, da diversos mandamientos sobre muchos aspectos de la vida: Honrar a padre y madre, shabat, amar al prójimo como uno mismo, cómo vestir, cómo sembrar el campo, leyes de reverencia al anciano, al templo, etc. En fin, cuando Pedro dice: “santos en toda vuestra manera de vivir” se está refiriendo a que tenemos expectativas de Dios en cada aspecto de nuestra vida, algo abordado extensamente en esta parashá.

Esperemos que el Eterno pueda darnos siempre su santidad y nos aparte con sus mandamientos para poder vivir justa, recta y piadosamente, como él quiere

שלום שבת

¡Shabat shalom!

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